¿Qué es el cyberpunk?
El cyberpunk es un género literario que se originó en Estados Unidos a fines de los 70 como respuesta al agotamiento de la ciencia ficción optimista y azucarada de décadas anteriores.
El motivo conductor del cyberpunk es el concepto de alta tecnología y bajo nivel de vida. En el cyberpunk el avance tecnológico no resolvió los problemas del hombre, sino que por el contrario, depositó todo el poder en manos de las megacorporaciones y marginó a una parte importante de la sociedad, dando lugar a un futuro distópico y opresivo. Los protagonistas son personajes ambiguos: parias, rebeldes o criminales que se mueven por los bajos fondos intentando sobrevivir en un mundo hipercapitalista dominado por gobiernos totalitarios corruptos, empresarios inescrupulosos y grupos mafiosos.
Más abarcativamente, el cyberpunk es una manifestación estética variada y dinámica, que toma elementos de fuentes muy diversas: arte postmoderno, movimiento punk, música electrónica, videojuegos retro, moda estilo militar y cultura hacker, por nombrar unas pocas.
Debido a que la esencia de la estética cyberpunk es la conciliación de opuestos, y partiendo de la premisa de alta tecnología y bajo nivel de vida, dos elementos cualesquiera pueden fusionarse en un marco cyberpunk para crear algo completamente nuevo: artes marciales e inteligencias artificiales, jazz y naves espaciales, katanas y armas láser, o hackers y ositos de peluche. Esta estética inspiró obras de todo tipo, pero su influencia en la cultura pop se percibe principalmente en el cine: películas como Robocop, Terminator y Matrix son piezas famosas que beben del cyberpunk para construir su universo.
En última instancia, el cyberpunk es un estado de ánimo. La conciliación de opuestos alcanza su máxima expresión en el plano de las emociones. El ethos cyberpunk articula resignación y rebeldía, pragmatismo y romanticismo, crueldad y heroísmo, cinismo y esperanza. Todas las complejidades del mundo occidental capitalista moderno se encuentran contenidas en este juego de contrastes, conviviendo con las grandes cuestiones filosóficas y metafísicas que preocuparon al hombre a lo largo de la historia.
En ese sentido el cyberpunk escapa de la ficción y se convierte en un estilo de vida, enfatizando el aspecto "punk" de su nombre. Esta tribu urbana, si la podemos llamar así, se caracteriza por un fuerte individualismo inconformista, despreciando a los gobiernos, las corporaciones y los cánones sociales preestablecidos, y prefiriendo en cambio existir al margen del sistema, asociándose con otros como ellos.
La relación del cyberpunk con la tecnología es conflictiva: la celebra por su potencial como medio de democratización de la información, aproximándose en ese sentido a la cultura hacker y al movimiento del software libre, pero al mismo tiempo desprecia la tecnología de consumo, que considera una herramienta de opresión y vigilancia de los grupos de poder, y similarmente desconfía del progreso científico desbocado.
A diferencia de su influencia en el plano de la estética, que puede percibirse por doquier en todas partes del mundo, el cyberpunk como estilo de vida siempre fue un movimiento minoritario, eclipsado por manifestaciones más notorias, como la cultura hacker en el ambiente tecnológico, o el movimiento punk en la música. Como consecuencia las comunidades cyberpunk son comparativamente pequeñas, con sus miembros separados entre sí por grandes distancias. Debido a esto y a su familiaridad con la tecnología, el movimiento cyberpunk encuentra su principal canal de expresión en Internet, organizándose en comunidades internacionales a través de foros, imageboards y canales de IRC relativamente marginales para compartir puntos de vista.
En esencia, el cyberpunk es una experiencia, a veces difícil de explicar, y muchas veces contradictoria, que une a miles de personas en todo el mundo. El cyberpunk no es algo que se elige: es algo que te sucede.
Un día salís del trabajo. Estás cansado física, mental y emocionalmente. Todavía no cobraste y tenés que pagar la tarjeta de crédito. Viajás aplastado en una lata más apropiada para pescado que para personas. Llegás a tu casa: un monoambiente de 28 metros cuadrados. Encendés la tele. Te bombardean con mentiras que no te interesan y productos que no necesitás. Te da asco, pero la dejás encendida igual, como sonido de fondo. Te llega una notificación: una compañera de la secundaria que no ves desde hace quince años te etiquetó en un video de un gatito bebé. También etiquetó a otras cincuenta personas. Se llama Natalia. En la secundaria le tenías ganas. Ahora es una mujer casada. Te das cuenta de que no tenés una conversación con otro ser humano desde el fin de semana anterior. Revisás tu lista de amigos online: veinte desconocidos que no sabés muy bien de dónde salieron. En la barra lateral ves un anuncio de una página de citas: ¿estás solo? registrate ahora, es totalmente gratis*. El algoritmo de publicidad personalizada se dio cuenta antes que vos. Tenés cinco apps de comunicación instaladas en el celular, y nadie con quien usarlas. Pero al menos el gatito bebé hacía cosas graciosas. Entonces suspirás, te encendés un cigarrillo, y empezás a sentirte cyb.